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20 agosto, 2026

 

Boli que no pinta ¡no lo tires!


Mira tu bote de bolígrafos, ¿cuántos tienes que no pintan? Parece que el ser humano tiene en su ADN instrucción innata: Boli que no pinta ¡no lo tires!

Tirar un boli que no pinta parece una decisión ridículamente pequeña… pero activa varios mecanismos que hacen que no lo hagamos. 

Hoy he recibido un WhatsApp con esta frase:

Cuando cojas un boli que no pinta, acuérdate de devolverlo al bote para que los demás podamos hacer lo mismo

Me ha parecido una frase para construir una mug. 

Vamos a ver varias razones que justifican este comportamiento. 

1. No estamos completamente seguros de que esté muerto.
Pensamos: “igual es que ahora no pinta”, “quizá si aprieto más”, “a lo mejor sobre otro papel…”. Esa pequeña incertidumbre hace que retrasemos la decisión. Tirarlo es irreversible; devolverlo al bote mantiene abierta la posibilidad de que todavía sirva.

Aquí aparece algo parecido a la aversión a la pérdida, desarrollada por Kahneman y Tversky: psicológicamente nos cuesta más desprendernos de algo que percibimos como potencialmente útil que soportar una pequeña molestia futura.

2. El coste de conservarlo es prácticamente cero.
Este es probablemente el factor más importante. Tirarlo exige una microacción: decidir que está roto, encontrar una papelera y asumir la responsabilidad de eliminarlo. Volver a colocarlo cuesta literalmente un segundo.

Nuestro cerebro hace una especie de cálculo informal:

¿Qué gano tomando esta decisión ahora? Muy poco.

Resultado: procrastinación microscópica.

3. Preferimos mantener el statu quo.
Samuelson y Zeckhauser estudiaron el sesgo llamado status quo bias: tendemos a mantener las cosas como están cuando cambiar la situación requiere una decisión.

El boli estaba en el bote → lo lógico psicológicamente es devolverlo al bote. Aunque ya sabemos que no funciona.

4. La responsabilidad queda diluida.
Aquí el chiste se vuelve casi organizacional. Si el boli es mío, probablemente lo tiro. Si está en un bote común de la oficina, aparece una lógica distinta:

“¿Y quién soy yo para decidir que este boli hay que tirarlo?”

Es una versión doméstica de la difusión de responsabilidad estudiada en psicología social: cuando algo pertenece al espacio colectivo, nuestra sensación individual de responsabilidad disminuye.

Por eso en las organizaciones existen cosas que todo el mundo sabe que no funcionan pero que nadie elimina: procedimientos inútiles, reuniones absurdas, informes que nadie lee… y bolígrafos muertos.

5. Existe un pequeño efecto de dotación.
Richard Thaler describió el endowment effect (efecto dotación) tendemos a valorar más aquello que ya poseemos que algo equivalente que todavía no poseemos.

Aunque un boli prácticamente agotado valga céntimos, psicológicamente sigue siendo un boli. Tirarlo convierte inmediatamente “algo” en “nada”.

Y nuestro cerebro tiene cierta alergia a esa transformación.

6. Tenemos una sorprendente esperanza tecnológica.
Hay además un comportamiento aprendido: todos hemos tenido alguna vez un boli que no pintaba, lo agitamos, garabateamos furiosamente en una esquina del papel… y volvió a funcionar.

Esa experiencia refuerza la conducta: “Boli que no pinta” ≠ necesariamente “boli muerto”.

Y ahí reside la tragedia del bote de bolígrafos: probablemente contiene un 60 % de instrumentos de escritura y un 40 % de proyectos de resurrección. 😂

Pero hay una lectura todavía más interesante desde la gestión empresarial. El boli es un ejemplo perfecto de cómo las organizaciones acumulan pequeñas ineficiencias porque el coste individual de corregirlas es mayor que el beneficio individual inmediato, aunque el coste colectivo acumulado sea elevado.

Cada persona pierde 10 segundos intentando escribir con ese boli. Nadie pierde 20 segundos tirándolo.

Y el sistema conserva indefinidamente la ineficiencia.

En economía institucional y teoría de organizaciones esto conecta con cuestiones como los costes de coordinación, los bienes comunes y la responsabilidad difusa. James G. March y Herbert Simon también mostraron cómo las organizaciones funcionan muchas veces mediante rutinas y comportamientos satisfactorios (satisficing) más que mediante optimización permanente.

Así que detrás de ese chiste de WhatsApp hay casi una pequeña teoría del comportamiento organizacional:

sabemos que algo no funciona → corregirlo tiene un coste pequeño → el beneficio es colectivo y futuro → nadie actúa → el problema permanece.

Y si sustituyes “boli” por procedimiento, reunión, formulario, norma interna o Excel, deja de ser un chiste. Quizás la frase motivadora que ponga en mi mug sea: 

Principio básico de oficina: si funciona, no lo toques; si no funciona, tampoco

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11 agosto, 2026

 

El Efecto Ikea

 


Definición del Efecto Ikea

El efecto IKEA es un sesgo cognitivo por el que las personas tienden a valorar más aquello en cuya creación, montaje o desarrollo han participado activamente.

Cuando un consumidor, cliente o empleado invierte tiempo, esfuerzo o creatividad en un resultado, suele atribuirle un valor superior al que le otorgaría un observador externo. Este incremento del valor percibido puede aparecer incluso cuando el resultado es imperfecto.

Desde una perspectiva empresarial, el efecto IKEA puede utilizarse como estrategia de participación: involucrar al usuario en la personalización, configuración, montaje o cocreación de un producto o servicio puede aumentar su satisfacción, su compromiso y su apego hacia el resultado final.

En términos sencillos: tendemos a apreciar más aquello que sentimos parcialmente nuestro porque hemos contribuido a construirlo.

Origen del Efecto Ikea 

El término efecto IKEA fue popularizado por los investigadores Michael I. Norton, Daniel Mochon y Dan Ariely, quienes analizaron experimentalmente cómo el esfuerzo personal influye en la valoración de los objetos.

La denominación hace referencia al modelo de negocio de IKEA, basado en que el cliente transporta y monta parte de los muebles que compra. El esfuerzo invertido en el proceso puede aumentar la satisfacción y el valor subjetivo atribuido al producto terminado.

Como antecedente histórico suele mencionarse el caso de las mezclas instantáneas para pasteles comercializadas por Betty Crocker, marca de General Mills, durante la década de 1950. El producto original estaba diseñado para maximizar la comodidad: la mezcla ya contenía huevo deshidratado, por lo que el consumidor solo tenía que añadir agua, mezclar y hornear. 

A pesar de ser una solución tecnológica perfecta y sumamente sencilla, las ventas estancaron drásticamente. 

La empresa contrató al psicólogo Ernest Dichter, considerado el padre de la investigación motivacional. A través de entrevistas a profundidad con amas de casa de la época, Dichter descubrió una barrera emocional invisible: la culpa. 
  • Sensación de engaño: Al ser un proceso tan automatizado y rápido, las consumidoras sentían que estaban "haciendo trampa" u ofreciendo un producto mediocre a sus familias y visitas. 
  • Falta de autoría: Al no invertir esfuerzo físico ni mental en la preparación, no sentían el pastel como suyo. El nivel de gratificación personal al servirlo era nulo
Siguiendo el consejo de psicólogo Ernest Dichter, General Mills modificó la receta eliminando el polvo de huevo deshidratado e instruyendo en la caja que el repostero debía añadir un huevo fresco, aceite y agua por su cuenta.

Gracias a la campaña publicitaria "Add an Egg" (Añade un huevo), las ventas se dispararon de inmediato. El simple hecho de romper un huevo fresco, medir el aceite y batirlo requería la cantidad justa de esfuerzo moderado. Esto devolvió a las consumidoras el orgullo de cocinar, eliminó la culpa y las hizo sentir co-creadoras de un pastel "hecho en casa"

Por este motivo, el efecto IKEA a veces se conoce como Efecto Betty Crocker

Razones que justifican el Efecto IKEA 

  1. Sesgos cognitivos y valoración subjetiva. El efecto IKEA forma parte del estudio de los sesgos cognitivos: patrones sistemáticos que influyen en nuestras decisiones y valoraciones. Los trabajos de Kahneman y Tversky mostraron que las personas no evalúan siempre las opciones de forma completamente racional. En el caso del efecto IKEA, la inversión de esfuerzo modifica la percepción del valor: tendemos a sobrevalorar aquello que hemos ayudado a crear. 
  2. Necesidad de competencia. Participar en la creación de un resultado puede satisfacer una necesidad psicológica básica: sentirnos capaces y competentes. Montar un mueble, diseñar un producto o preparar una receta permite comprobar que hemos alcanzado un objetivo. Esa sensación de logro refuerza la autoestima y favorece el apego emocional hacia el resultado. S
  3. Sentimiento de autoría. El efecto se intensifica cuando la persona percibe que el resultado final refleja sus decisiones, preferencias o habilidades. No basta con participar de manera superficial. El usuario debe reconocer una relación clara entre su aportación y el producto obtenido.
  4. Justificación del esfuerzo. También puede intervenir un mecanismo de justificación psicológica: cuanto mayor ha sido el esfuerzo invertido, mayor puede ser la necesidad de considerar que el resultado merece la pena.
Dicho de forma menos académica: después de pasar dos horas montando una estantería, resulta psicológicamente incómodo admitir que no nos gusta demasiado.

Aplicaciones y ejemplos del Efecto IKEA

  1. Alimentación
    1. Los meal kits (o kits de comida) son cajas que recibes en tu domicilio, generalmente por suscripción, que contienen ingredientes frescos y pre-porcionados junto con recetas paso a paso. La persona no solo recibe una comida: experimenta la satisfacción de haberla cocinado. 
    2. También encontramos este efecto en masas preelaboradas, mezclas para repostería o productos que requieren completar alguna fase en casa.
  2. Tecnología y plataformas digitales
    1. Herramientas como Canva permiten al usuario crear diseños a partir de plantillas. Aunque la plataforma facilita gran parte del proceso, la persona siente que el resultado es suyo porque ha tomado decisiones sobre el contenido, los colores y la composición.
    2. En entornos como Minecraft, los usuarios construyen mundos propios, lo que genera una fuerte identificación con sus creaciones.
  3. Personalización de productos. Algunas marcas permiten configurar zapatillas, ordenadores, vehículos o productos decorativos mediante plataformas interactivas. Por ejemplo, cuando una persona personaliza unas zapatillas seleccionando colores, materiales o detalles, no solo compra el producto: también invierte esfuerzo mental en diseñarlo. Esa participación puede aumentar su disposición a pagar y su apego hacia el resultado.
  4. Formación. En formación, el efecto IKEA puede aparecer cuando el alumnado construye proyectos, resuelve casos prácticos, elabora portafolios o diseña soluciones propias. El aprendizaje suele percibirse como más valioso cuando el estudiante identifica claramente el esfuerzo realizado y los resultados alcanzados. Por ello, los títulos tienen mayor significado cuando representan una experiencia exigente y una competencia realmente adquirida.
  5. Cocreación con clientes y empleados. Las organizaciones pueden involucrar a clientes o empleados en el diseño de nuevos productos, procesos o servicios. Cuando las personas participan en la toma de decisiones, suelen desarrollar un mayor compromiso con la solución resultante. Sin embargo, esta participación debe ser auténtica: pedir opiniones que después no se tienen en cuenta puede producir el efecto contrario.

Condiciones para que funcione el efecto IKEA

Para activar el efecto IKEA sin generar frustración, conviene respetar varias condiciones.
  1. Esfuerzo moderado. La actividad debe exigir cierta implicación, pero seguir siendo asequible. Si la tarea es excesivamente sencilla, la persona apenas percibirá su contribución. Si es demasiado compleja, confusa o frustrante, es probable que abandone.La clave consiste en proponer un reto alcanzable.
  2. Finalización satisfactoria. El efecto se produce principalmente cuando la persona logra completar la tarea. Cuando el proceso queda inacabado o el resultado es claramente insatisfactorio, el valor percibido puede disminuir considerablemente. El esfuerzo, por sí solo, no garantiza una valoración positiva. 
  3. Reconocimiento de autoría. El usuario debe percibir que su contribución ha influido de manera significativa en el resultado final. La personalización meramente decorativa o simbólica suele tener menos impacto que las decisiones que afectan de forma visible al producto, al servicio o al proyecto.
  4. Retroalimentación clara. Es importante mostrar el avance, reconocer las decisiones realizadas y permitir que la persona observe cómo su intervención transforma el resultado. Los indicadores de progreso, las vistas previas, los hitos y los mensajes de reconocimiento pueden reforzar la sensación de competencia y autoría.

Limitaciones y críticas del efecto IKEA

El efecto IKEA no debe interpretarse como una regla universal ni como una fórmula infalible de marketing.
  1. La participación no siempre incrementa el valor percibido. Si el proceso es demasiado largo, difícil o poco intuitivo, puede provocar frustración y rechazo.
  2. Las personas solemos sobrevalorar nuestras propias creaciones y perder objetividad. En contextos empresariales, esto puede llevar a mantener proyectos poco eficaces simplemente porque se ha invertido mucho esfuerzo en ellos.
  3. Existe el riesgo de utilizar la participación como excusa para trasladar trabajo al cliente sin ofrecerle un beneficio real. La cocreación solo genera valor cuando la experiencia resulta significativa, comprensible y satisfactoria.
  4. Algunos ejemplos históricos asociados al efecto IKEA  -como el caso de Betty Crocker- han sido simplificados y repetidos con tanta frecuencia que, en ocasiones, se presentan como hechos concluyentes cuando su interpretación es más discutida. 

Idea clave del Efecto IKEA

El efecto IKEA muestra que el valor de un producto, un servicio o un proyecto no depende únicamente de sus características objetivas. También depende de la historia que la persona construye alrededor de él.

Cuando alguien puede decir esto lo he hecho yo, el resultado deja de ser únicamente un objeto o una solución: se convierte en una expresión de esfuerzo, competencia y autoría.

Posdata. Este post nació durante una comida en un txoko, cuando uno de mis amigos se empeñó en que probáramos el pacharán que había elaborado él mismo, sin ayuda. Ahí comprendí perfectamente el efecto IKEA: él lo valoraba muchísimo porque lo había hecho con sus propias manos. Nosotros, en cambio, confirmamos que a veces el producto industrial tiene virtudes que no apreciamos lo suficiente.

Posdata 2: Convencido estoy que este blog de marketing, es el mejor del mundo. Lo digo objetivamente, a mí no me afecta el sesgo del efecto IKEA 😊

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17 agosto, 2025

 

Sesgo del coste hundido

 


Mi abuela solía decir: 

“Si te equivocas de tren, bájate en la primera estación, que cuanto más tardes en bajar, más caro será el viaje de vuelta”

No me hablaba de trenes, por supuesto.

Hablaba de decisiones. De trabajos, relaciones, caminos elegidos con la mejor intención pero que, con el tiempo, revelan no ser lo que esperábamos. Y sobre todo, hablaba de algo que la psicología cognitiva se llama el sesgo del coste hundido.

1. Tomar decisiones erróneas es inevitable

La vida está llena de decisiones tomadas con información incompleta, presiones externas o simplemente sueños mal encauzados. Subirse al “tren equivocado” no es necesariamente un error terrible, es parte del vivir.

Ejemplo: Elegir una carrera universitaria porque “tiene salida” o porque “lo dicen en casa”, pero sin pasión ni conexión real con uno mismo. Cuatro años cursos después, graduados pero desmotivados, descubrimos que lo que sabíamos desde el primer curso era cierto.

2. La importancia de reconocer a tiempo el error

El mensaje de mi abuela es claro: cuanto antes reconozcas que estás en el tren equivocado, más fácil -y barato- será rectificar. Más a más, recuerda que hay trenes a los que es muy fácil subir y muy difícil bajarse. 

Daniel Kahneman y Amos Tversky, desde la psicología cognitiva, identificaron este fenómeno como parte del sesgo de coste hundido: la tendencia a continuar en una decisión errónea solo porque ya hemos invertido tiempo, dinero o esfuerzo.

Estas frases no justifican seguir. Solo evidencian el miedo a asumir que nos hemos equivocado.

3. Retrasar la bajarnos del tren tiene consecuencias acumulativas

Cuanto más tardamos en bajarnos, más lejos estamos de donde realmente queríamos estar. Y no solo en términos de tiempo: también emocionalmente, financieramente, vitalmente.

Ejemplo profesional: Seguir años en un trabajo que nos frustra, nos agota o directamente nos enferma, solo por seguridad, por rutina o por miedo al salto al vacío. A veces para progresar hay que decir adiós.

Si estás en un agujero, lo primero para salir, es dejar de cavar

La pregunta es ¿cuándo bajarse del tren? Tomar esta decisión requiere reflexiónautoconocimiento, humildad y coraje. No hay una estación con cartel luminoso que lo indique. La decisión es personal, pero hay señales. Solo hay que aprender a escucharlas:
  • ¿Estoy creciendo o estancado?
  • ¿Esto sigue teniendo sentido para mí?
  • ¿Persisto por convicción o por miedo al cambio?
  • ¿Estoy invirtiendo o simplemente resistiendo?
La respuesta no es siempre cómoda. Pero suele ser clara.

Equivocarse no es fracasar. Fracasar es negarse a corregir. A veces, el tren equivocado nos lleva a descubrir lo que no queremos, y eso también es valioso. A veces se gana a veces se aprende. 

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07 agosto, 2024

 

Pareidolia


Hoy he comprado una rodaja de bonito. Y al ir a cocinarlo me he asustado ¡parece una cara! Este fenómeno de interpretar estímulos visuales como formas reconocibles, por ejemplo una cara, se conoce como pareidolia.

Aunque los mayores ejemplos son los de interpretar estímulos visuales, también las pareidolias pueden ser auditivas., por ejemplo interpretar el ulular del viento como sonidos de animales. La pareidolia es el emparejamiento erróneo entre una información sensorial y una representación cerebral.

La pareidolia se debe a la tendencia innata del cerebro a buscar patrones y significado en el entorno, una función esencial para la supervivencia y la interacción social. El ejemplo más conocido es la pareidolia facial, debido a la importancia de identificar conocidos y desconocidos, a miembros de nuestra tribu y a enemigos en nuestra vida diaria.

Cuando el cerebro percibe un estímulo visual ambiguo, las áreas asociativas de la corteza cerebral entran en juego para interpretar y darle sentido a la imagen. Este proceso puede llevar a la identificación de figuras familiares en objetos inanimados, como ver un rostro en la superficie de la Luna o en las manchas de una pared.

Desde una perspectiva evolutiva, la habilidad para reconocer rápidamente rostros y patrones en el entorno ha sido crucial para la supervivencia. Esta capacidad permite la identificación rápida de amigos y enemigos, así como la interpretación de señales sociales y emocionales. La tendencia a ver rostros en objetos inanimados puede ser un subproducto de esta habilidad esencial.

¿Podemos aplicar la pareidolia en marketing?

Imagínate que diriges una cadena de restaurantes, en tu publicidad ¿podrías colocar los alimentos en tus platos con patrones que pareciesen rostros sonrientes? Si lo haces ¿generaría un efecto positivo en tus clientes? 

Yo he superado mi miedos, y el bonito me ha sabido de rechupete.




 


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02 julio, 2024

 

Tres hombres hacen un tigre

 


Tres hombres hacen un tigre es un proverbio chino, que se explica con la siguiente historia. Si una persona te dice que hay un tigre en tu barrio, no le crees. Si una segunda persona te vuelve a decir que hay un tigre por tu barrio, empiezas a dudar. Si te lo dice una tercera persona ¡te crees que en tu barrio hay un tigre! y tienes miedo. 

Se atribuye al nazi Joseph Goebbels la frase "una mentira repetida mil veces se convierte en verdad", que podría ser el equivalente a tres hombres hacen un tigre.

A lo largo de la historia, hemos observado ejemplos de cómo las personas tienden a creer en cosas simplemente porque muchas otras personas lo hacen o porque alguien en una posición de autoridad lo afirma.

Este fenómeno se debe a varias razones:

  1. Consenso Social: Las personas tienen una profunda necesidad de encajar y ser aceptadas en su comunidad o grupo social. Si un gran número de personas está de acuerdo con algo, puede parecer más plausible y seguro creer en ello.
  2. Autoridad Percibida: Las personas tienden a confiar en figuras de autoridad, como expertos, líderes religiosos o políticos. Si alguien en una posición influyente dice algo, muchas personas lo considerarán cierto sin cuestionarlo.
  3. Sesgo de Confirmación: Una vez que una idea se difunde ampliamente, las personas pueden buscar evidencia que respalde esa idea y descartar cualquier evidencia que la contradiga. Esto refuerza la creencia en la idea original.
  4. Presión de Grupo: La presión de grupo puede llevar a la conformidad, incluso si una persona tiene dudas. Si todos a tu alrededor creen en algo, es más probable que te unas a esa creencia para evitar el ostracismo o el conflicto.
En un mundo donde la información se propaga rápidamente a través de las redes sociales y los medios de comunicación, es esencial que las personas seamos críticas y nos esforcemos por verificar la veracidad de las afirmaciones antes de aceptarlas como verdaderas. Un buen periodista tendría que tener al menos tres fuentes independientes para dar una noticia ¿crees que cumplen esta norma? Incluso si lo cumpliesen hemos visto que tres hombres hacen un tigre.


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01 junio, 2024

 

Falacia del tirador de Texas


La falacia del tirador de Texas consiste en establecer los objetivos retroactivamente. Imagina a un tirador que dispara sobre una pared en blanco. Luego pinta las dianas alrededor de los agujeros. El siguiente paso es autoproclamarse en el mejor tirador del mundo.

Estamos ante el sesgo retrospectivo, que es sesgo cognitivo, en el que una vez que sabemos lo que ha ocurrido, modificamos nuestro recuerdo inicial para que concuerde con el resultado final. En castellano tenemos el refrán: A toro pasado, todos somos Manolete

Mira si te resultan familiares algunas de estas situaciones

En todos estos casos, vemos a una persona o entidad que describe sus acciones pasadas como si siempre hubieran tenido un objetivo o dirección clara desde el principio, a pesar de que en realidad no lo tenían, creando una ilusión retrospectiva de intencionalidad o planificación que puede no haber existido en realidad.

Razones de la falacia del tirador de Texas

Aquí hay algunas razones por las cuales las personas pueden caer en la trampa de establecer objetivos retroactivamente:

  1. Deseo de coherencia: Las personas tendemos a buscar coherencia y sentido en nuestras acciones pasadas. Cuando miramos hacia atrás y vemos que hemos tenido éxito en algo, es natural querer encontrar una razón o un objetivo detrás de ese éxito. Esto puede llevar a la creencia retrospectiva de que siempre habían planeado alcanzar ese éxito, incluso si no era el caso.
  2. Necesidad de justificación: Cuando inviertes dinero, tiempo y esfuerzo en una actividad y los resultados son mixtos o no tan exitosos como esperaban, pueden sentir la necesidad de justificar sus acciones. Establecer objetivos retroactivamente puede ser una forma de evitar la sensación de que su inversión fue en vano.
  3. Efecto hindsight: El efecto hindsight es la tendencia a ver los eventos pasados como más predecibles de lo que realmente eran antes de que ocurrieran. Cuando se mira hacia atrás después de haber alcanzado un resultado específico, es fácil creer que ese resultado era el objetivo todo el tiempo.
  4. Construcción de narrativas: Las personas y las organizaciones, a menudo construyen narrativas para dar sentido a su historia o a sus acciones. Al establecer los objetivos retroactivamente (a toro pasado), pueden crear una narrativa que pinta una imagen más clara y coherente de sus acciones pasadas, incluso si en ese momento estaban actuando sin una dirección clara.

Un pequeño consejo

Si bien la tendencia a establecer objetivos retroactivamente puede proporcionar una sensación de orden y propósito retrospectivo, también es importante reconocer que puede ser engañosa y llevar a una falta de autenticidad en la evaluación de las acciones y los resultados pasados. Esto puede obstaculizar la capacidad de aprender de las experiencias pasadas y tomar decisiones más informadas en el futuro. Por lo tanto, es importante ser consciente de este sesgo y esforzarse por evaluar de manera realista las acciones y los resultados sin caer en la trampa de reinterpretarlos retroactivamente.

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20 agosto, 2023

 

Ilusión de superioridad social


En general, las personas tendemos a clasificarnos en una clase social más alta de lo que realmente pertenecemos. A este fenómenos se le conoce como son, se conoce como "ilusión de superioridad social" o "clasificación social optimista"

Origen de la ilusión de superioridad social

Hay varias razones que explican por qué esto sucede: 

  1. Búsqueda de estatus y autoestima: Las personas tienden a querer verse a sí mismas de manera positiva y buscan ser aceptadas y respetadas por los demás. Clasificarse en una clase social más alta puede aumentar su autoestima y sensación de valía.
  2. Cultura y estigmatización: En algunas sociedades, ciertas clases sociales pueden estar estigmatizadas o asociadas con características negativas. Por lo tanto, las personas pueden evitar identificarse con una clase social baja para evitar ser juzgadas o estigmatizadas.
  3. Comparación social: Las personas tienden a compararse con los demás para evaluar su posición en la sociedad. Si perciben que están relativamente mejor que otros en términos de estatus social, es más probable que se clasifiquen en una clase superior.
  4. Expectativas y aspiraciones: Puede haber una tendencia a clasificarse en función de las aspiraciones y expectativas de la sociedad o de lo que se considera "exitoso". Esto puede llevar a las personas a sobreestimar su posición social para ajustarse a esas expectativas.
  5. Sesgo cognitivo y percepción positiva: Las personas pueden tener un sesgo cognitivo que las lleva a ver más positivamente su posición social y minimizar las desigualdades que puedan existir.
  6. Dificultad para compararse con datos objetivos: La clasificación en clases sociales puede ser un concepto difuso y subjetivo. Las personas pueden tener dificultades para compararse objetivamente con datos estadísticos o criterios claros de clasificación.
  7. Desigualdades y movilidad social: En sociedades con desigualdades marcadas y poca movilidad social, las personas pueden tener una percepción distorsionada de su posición real debido a la falta de oportunidades o la dificultad para cambiar de clase social.

La imagen que acompaña este texto, me ha llegado por WhatsApp, y me ha parecido una excelente reflexión. Todos los profesores cuando explicamos la clasificación en clases sociales, hacemos esta advertencia: existe una tendencia generalizada de clasificarse en una clase social más alta de lo que realmente corresponde. Sin embargo, es esencial tener en cuenta que estas son tendencias generales y no se aplican a todas las personas. Algunos individuos pueden ser realistas y precisos en su autopercepción de clase social.

La imagen me ha llegado por WhatsApp y me ha parecido excelente.

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14 junio, 2020

 

Sesgo de supervivencia



Durante la Segunda Guerra Mundial, el Centro de Análisis Naval de los EE.UU. mapeo los agujeros de bala en aviones que fueron alcanzados por fuego nazi. (los puntos rojos).

Buscaban fortalecer a los aviones, reforzar áreas fuertemente golpeadas por artillería enemiga, para poder resistir aún más esos embates.

Su pensamiento inmediato fue reconstruir y reforzar las áreas del avión que tenían mas puntos rojos (o que recibían mas balas). En teoría, era una deducción lógica. Después de todo, estas fueron las áreas más afectadas.

Cuando consultaron con Abraham Wald, un matemático, llegó a una conclusión diferente: los puntos rojos solo representaban el daño en los aviones que llegaron a casa.

La áreas que realmente deberían reforzar, eran los lugares donde no había puntos, porque esos son los lugares donde el avión no sobreviviría al ser golpeado.

Desde entonces este problema se conoce como “sesgo de supervivencia” o “sesgo del superviviente”, un sesgo de selección derivado de considerar en un proceso sólo a las personas o elementos supervivientes, obviando la consideración de los desaparecidos por no ser observables en una muestra (que deja de ser representativa de la población).

El sesgo del superviviente condiciona nuestro pensamiento en todos los campos sociales: economía, política, deporte, arte, etc... por ejemplo:


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07 mayo, 2020

 

Expertos vs Ignorantes



Un ejemplo del Efecto Dunning-Kruger, lo estamos viendo estos días, todas las personas que hasta hace pocos días eran expertos en futbol, se han convertido en expertos virólogos. En esta categoría de "expertos", tanto los políticos como los tertulianos, tienen una opinión rotunda sobre todo, incluido cualquier cosa relacionada con el COVID tanto desde el punto de vista médico como desde el punto de vista económico. Contrasta con las expresiones que utilizan los científicos.

“La ignorancia engendra más confianza que el conocimiento”
Charles Darwin

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03 mayo, 2020

 

Efecto Dunning-Kruger



McArthur Wheeler, con 44 años, a mediados de 1990, atracó en pleno día dos bancos en Pittsburgh, sin aparentemente, tapar su cara con ninguna media, tal como indican los manuales del buen ladrón. McArthur Wheeler tenía una “formula infalible” para hacerse invisible ante las cámaras de seguridad: dos amigos suyos, le habían relevado un gran secreto: al frotarte la cara con zumo de limón, ¡te conviertes en invisible ante las cámaras de seguridad!, McArthur Wheeler, antes de cometer el atraco, había probado el sistema, se había frotado la cara con limón y se había sacado una foto con una cámara, y había comprobado que ¡funcionaba!... lamentablemente no se dio cuenta que en la ejecución de su “prueba científica”, había cometido un error: encuadrado mal y esta era la explicación por la que no salía su cara en la foto, no por el zumo de limón. Recuerda que estamos en 1990 y aún no teníamos la pericia que tenemos hoy para sacarnos selfies.

Esta anécdota, tuvo dos consecuencias, la primera es que McArthur Wheeler fue detenido, la segunda dio origen a un Premio Nobel. La historia de McArthur Wheeler llegó a oídos del profesor de Psicología social de la Universidad de Cornell, David Dunning, quién se preguntó: 

¿Es posible que mi propia incompetencia me impida ver esa incompetencia? 
Ni corto ni perezoso, se puso manos a la obra junto a su colega Justin Kruger. Los resultados que hallaron los publicaron en el Journal of Personality and Social Psychology de diciembre de 1999. Trabajo por el cual ganaron el premio Nobel de Psicología en el año 2000.

Estos dos profesores de la Universidad de Cornell (Nueva York, EE. UU.) realizaron una serie de experimentos, en los que a distintos participantes les pedían que estimaran su grado de competencia en un campo determinado, posteriormente evaluaban su competencia real mediante una serie de tests objetivos. Se dieron cuenta que cuanto mayor era la incompetencia de la persona, menos consciente era de ella. Paradójicamente, las personas más competentes y capaces solían infravalorar su competencia y conocimiento. Así surgió el efecto Dunning-Kruger.

Más a más, determinaron que las personas incompetentes en cierta área del conocimiento: 


La buena noticia es que existe vacuna: la formación. Este sesgo cognitivo, se diluye a medida que la persona incrementa su nivel de competencia ya que también es más consciente de sus limitaciones.

Bonus track 1: Definición Dunning-Kruger (puede considerarse una ley cínica)

Cuanto menos sepas, más confianza tendrás y cuanto más sabes menos confianza tienes

Bonus track 2: Si te encuentras con un “McArthur Wheeler” y no deseas que la conversación vaya más allá, simplemente dile: “He escuchado tu opinión. Gracias”, y zanja el asunto. El mail del viernes tiene un lema que creo que es aplicable a este tipo de personas, 
"nunca discutas con un imbécil, te hará descender a su nivel y allí te ganará por experiencia"

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22 agosto, 2015

 

Falacia de validación personal: efecto Forer o efecto Barnum

“Tienes necesidad de ser aceptado por los demás y buscas que te admiren, sin embargo, tiendes a ser muy crítico contigo mismo. Aunque tienes algunas debilidades de personalidad, generalmente logras compensarlas. Tienes una capacidad increíble que no has convertido en tu ventaja. Disciplinado y autocontrolado en el exterior, tiendes a preocuparte y ser inseguro en tu interior. A veces tienes grandes dudas sobre si has tomado la decisión correcta o si has hecho lo adecuado. Prefieres cierta cantidad de cambio y variedad y te sientes insatisfecho cuando te acorralan las restricciones y limitaciones. También te enorgulleces de ser un pensador independiente, no aceptas lo que digan los demás sin pruebas satisfactorias. Pero has descubierto que es poco sabio ser muy franco y revelarte a ti mismo ante los otros. A veces eres extrovertido, afable y sociable, mientras que en otras ocasiones eres introvertido y reservado. Algunas de tus expectativa pueden ser más bien irreales.”


Acabas de leer el texto que en 1948, el psicólogo Bertram R. Forer dio a sus estudiantes como resultado de un test de personalidad que acababan de realizar. El texto era igual para todos sus estudiantes, independientemente de los resultados del test.

Los estudiantes tuvieron que puntuar en una escala Likert de 1 a 5, si se sentían identificados con el resultado, la media fue del 4,26

Factores que aumentan la efectividad del efecto  Forer:
  1. Personalización: el sujeto debe creer que el análisis se aplica sólo a él, para eso el texto debe estar redactado en segunda persona y debemos repetirle al sujeto que lo hemos hecho especialmente para él.
  2. Autoridad: el sujeto debe creer en la autoridad del evaluador. Para ello deberemos crear un ambiente propicio. Si el sujeto cree en lo paranormal, deberemos crear un ambiente de magia y ocultismo. Si el sujeto es más racional, deberemos crear un ambiente científico (batas blancas, laboratorio…).
  3. Positivo: el texto tiene que tener más atributos positivos que negativos,  las personas tendemos a reconocernos más con lo que deseamos ser que con lo que verdaderamente somos. Ante los elogios, bajamos nuestras defensas.
Este sesgo cognitivo es muy utilizado en creencias como astrología, adivinación, grafología, lectura del aura... Los que escriben horóscopos, los mentalistas que realizan "lectura en frio"... tienen muy presente el efecto Forer.

Bonus track 1: Definición Efecto Forer

Atribución de descripciones de rasgos personales supuestamente específicos, pero que en realidad son vagos o generales.


Bonus track 2:  al efecto Forer también se le conoce como efecto Barnum en deferencia a la reputación como maestro de la manipulación psicológica del animador de pista circense P.T Barnum.



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