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01 enero, 2026

 

La gente no tiene paciencia para enriquecerse lentamente, por eso decide arruinarse rápidamente

 


La gente no tiene paciencia para enriquecerse lentamente, por eso decide arruinarse rápidamente
Peter Lynch

Peter Lynch gestiono el fondo Magellan en Fidelity Investments consiguiendo una rentabilidad anual media del 29,2 % entre 1977 y 1990. Rentabilidad que duplicó al S&P 500 y convirtiéndo a dicho fondo en el más rentable del mundo.​

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18 diciembre, 2025

 

Feliz Navidad y Prospero 2025

 


Me gusta el espíritu de la Navidad: pasear con frio y exceso de luz en las calles (gracias al esfuerzo de los comerciantes por sus luminosos escaparates), pensando el gran acontecimiento que celebramos, el nacimiento de Jesús, Dios que se hace niño y entra en la historia con la fragilidad de lo pequeño.

No me seduce, en cambio, su deriva consumista: demasiada comida, demasiados regalos, demasiados excesos. Y lo digo con cierta ironía profesional, porque me pasión es el marketing y me llama la atención como hemos sido capaces de convertir el misterio de Belén en la gran campaña de temporada.

Con los años, me descubro volviendo a la Navidad de la infancia: la magia sencilla, las vacaciones en casa, el tiempo sin prisa. Me gustan -sí- las películas cursis navideñas, que las ves sin dificultad, quizá porque, sin darse cuenta, a veces dicen más verdades que muchos discursos con los que nos bombardean lo políticos.

Me gusta detenerme, hablar aunque sea unos minutos con personas con las que el resto del año apenas coincidimos, recuperar lo esencial. Y me gusta, mucho, la sopa ondarresa de pescado, que también tiene algo de liturgia doméstica y de memoria compartida.

Será que me estoy haciendo mayor, muy mayor. O quizá se me está olvidando el marketing justo a tiempo para entender que la Navidad no se consume: se vive.

Desconecta, descansa y disfruta.

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01 diciembre, 2025

 

Match: La reina de las apps de citas



Ayer vi la película Match: La reina de las apps de citas, inspirada en la historia de Whitney Wolfe Herd, cofundadora de Tinder que, tras una dolorosa salida en 2014, fundó Bumble con el apoyo del empresario ruso Andrey Andreev, creador de Badoo.

De su historia podemos aprender cómo transformar un insight emocional en una innovación disruptiva sin necesidad de desarrollar una nueva tecnología.

La carrera de Wolfe Herd no terminó con su despido de Tinder en 2014: en realidad, comenzó de nuevo. Donde una puerta se cierra, otra se abre.

En la película observamos cómo fue despedida tras denunciar ante el fundador Sean Rad el acoso por parte de su expareja y superior, Justin Mateen. Whitney Wolfe Herd logró convertir una vivencia personal dolorosa en una pregunta estratégica clave:
¿Qué no estaba funcionando en el mercado de las apps de citas, especialmente para las mujeres?
Las aplicaciones prometían “conectar personas”, pero la realidad para muchas usuarias era otra: asimetrías de poder, mensajes no deseados -por ejemplo, fotografías de contenido sexual explícito no solicitadas- y una constante cosificación (Ansari y Klinenberg, 2015). El discurso público y la experiencia real no coincidían.

Ese desajuste -la brecha entre lo que la industria proclamaba y lo que las mujeres vivían- se convirtió en su verdadero punto de partida. En marketing, este tipo de hallazgos se denominan insights empáticos: descubrimientos que no emergen de un focus group, sino de la propia experiencia del emprendedor (Brown, 2009).

En 2014, Bumble irrumpe con una regla aparentemente simple, pero radical: en las parejas heterosexuales, solo las mujeres pueden iniciar la conversación.

Lo brillante de esta decisión no fue su complejidad técnica (mínima), sino su potencia narrativa. Bumble no solo ofrecía una aplicación, sino una promesa:

“Aquí, las reglas del juego son distintas.”

La vida está llena de ironías. Como he mencionado, Whitney Wolfe Herd no construyó Bumble desde cero, sino que lo hizo con el apoyo técnico y financiero de Andrey Andreev, fundador de Badoo. Sin embargo, en 2019 la revista Forbes publicó una investigación que revelaba comportamientos poco éticos y un entorno laboral marcado por el sexismo, el consumo de drogas y la misoginia en las oficinas de Badoo en Londres (Forbes, 2019). Este hecho no solo cuestionó la cultura corporativa de la matriz, sino que también puso de relieve la contradicción entre el discurso de empoderamiento de Bumble y el contexto empresarial del que había surgido.

Lecciones de marketing: ¿Qué podemos aprender?

  1. Market-Driven Innovation: No se trata de inventar una tecnología radicalmente nueva, sino de reinterpretar un producto existente desde una lectura cultural y social más profunda (Jaworski y Kohli, 1993). Es un cambio de valores, no de hardware.
  2. Segmentación por valores (Kotler, Marketing 4.0): Bumble no segmenta por demografía (“mujeres de 25 a 35 años”), sino por creencias: “somos para quienes creen que las relaciones deben basarse en el respeto mutuo”.
  3. Minimalismo estratégico: Una sola línea de código se convierte en un gesto simbólico y en una declaración de intenciones: cambiar la dinámica del poder y del respeto en el dating digital.

Estrategia de expansión

Fiel a su filosofía, Bumble amplía su propuesta con tres funciones orientadas a diferentes tipos de relación:
  • Bumble Honey: para quienes buscan pareja estable.
  • Bumble BFF: dirigida a quienes desean crear nuevas amistades.
  • Bumble Bizz: pensada para usuarios interesados en ampliar su red de contactos profesionales.

Resultados y posición de mercado

¿Funcionó la estrategia de Whitney Wolfe Herd?

Bumble compite en la primera división del mercado, aunque sin dominarlo globalmente. A nivel mundial, Tinder es el lider indiscutible. En EE.UU el líder, Tinder, tiene una penetración del 25 %, mientras que Bumble alcanza el 24 % y Hinge el 18 %. En España, Tinder mantiene una posición destacada con una cuota del 65 %.

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29 noviembre, 2025

 

Edadismo, esa enfermedad invisible

 


Leo en el LinkedIn de Pablo Cobisa,  la historia de un canadiense de 61 años que, pese a haber enviado 80 CV, contactado con 60 agencias y recurrido a 150 personas de su red, sigue en desempleo. Al buscar la fuente descubro que procede del diario deportivo AS. Paradójico: un medio deportivo presta atención a un problema que afecta de lleno a nuestra sociedad, mientras los medios generalistas apenas mencionan el drama del edadismo. 

El protagonista es Adam Normandin, antiguo director de Recursos Humanos en un banco. Su puesto fue eliminado y, aunque le ofrecieron un trabajo en Toronto, lo rechazó para quedarse en Quebec. Hoy admite que quizá fue un error: a su edad, reubicarse profesionalmente es casi imposible, incluso con una carrera sólida y experiencia directiva.

Su caso no es una excepción. En España, el edadismo laboral afecta a más de 1.500.000 personas mayores de 45 años en desempleo, y el 55% son parados de larga duración (más de un año sin trabajo). Hablamos de talento desperdiciado, de trayectorias truncadas y de personas que quedan atrapadas en un limbo profesional del que cuesta cada vez más salir.

Y aun así, este problema casi no aparece en el debate público. Los medios -televisión, radio, prensa- continúan centrando su agenda en los mismos conflictos políticos, en escándalos repetidos y en tertulias donde ya sabemos qué dirá cada “experto” antes de que abra la boca. Mientras tanto, realidades que afectan a millones de ciudadanos quedan relegadas al silencio.

Me hago las siguientes preguntas

No tengo todas las respuestas. Pero sí es evidente la consecuencia: una sociedad que no habla de sus problemas acaba normalizándolos. Y eso es exactamente lo que ocurre con el edadismo laboral.

Triste, sí. Porque el protagonista de esta historia podría ser tú, podría ser yo, o podría ser cualquiera de los millones de profesionales valiosos que, cumplidos los 50 o los 60, se encuentran ante una puerta que cuesta cada vez más abrir. Hoy es el canadiense Adam. Mañana podría ser cualquiera de nosotros.

Bonus track: "Ahí fuera hace mucho frío"… mucho frío. Quizá la pregunta no deba ser ¿qué hacemos con los desempleados mayores?” sino ¿qué hacemos para que las empresas valoren, integren y aprovechen de verdad el talento sénior?” Porque el problema no está en las personas mayores; está en cómo las organizaciones y la sociedad deciden -o no- reconocer su experiencia.

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28 noviembre, 2025

 

Compramos unidades, no kilos


Hoy, paseando por el supermercado, me he visto un stand de bombones a granel con un precio de 6 €/kg. Hasta aquí nada nuevo. Pero lo interesante es que incluía una tabla que traducía el peso a algo mucho más intuitivo: número de bombones.

Según el cartel, 100 gramos equivalen a 8 bombones, y medio kilo ronda los 40. Una idea sencilla, pero brillante.

¿Por qué? Porque -aunque los economistas insistan en medir por kilos, litros o metros- las personas solemos comprar por unidades. Nuestro cerebro procesa mejor “8 bombones” que “100 gramos”. La psicología del consumo, desde Kahneman hasta Thaler, lo ha demostrado una y otra vez: la información relevante es aquella que reduce esfuerzo cognitivo.

Este sistema me recordó a un cash & carry que visité hace tiempo. Allí no solo te indicaban el precio por kilo, sino también cuántas raciones reales podías obtener. Por ejemplo, de un kilo de secreto ibérico salían aproximadamente cinco raciones, lo que dejaba el coste por ración en 0,89 €. Información clara, directa y tremendamente útil para quien gestiona un negocio… o simplemente para quien intenta ajustarse a un presupuesto. 

Y sí, he hecho la cuenta con los bombones: cada uno sale a unos 0,75 €.

El mensaje es simple: cuando la información se presenta en las unidades que realmente nos importan, decidimos mejor y más rápido. Es cierto que en muchas etiquetas de los supermercados lo indica... pero en una letra muy muy pequeña. 

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17 noviembre, 2025

 

Turrón para perros

 


La histórica marca de turrones El Lobo, con casi 300 años de tradición y 11 generaciones defendiendo una receta icónica, ha decidido este año cometer, a mi juicio, uno de esos errores que en cualquier manual serio de marketing aparecen en la sección de “lo que jamás debe hacerse”.

Sí: han lanzado un turrón para perros con su marca. Tal cual.

Entiendo la tentación: más mascotas que nunca, consumidores humanizando animales, el mercado pet friendly creciendo a doble dígito… Todo eso es cierto. Pero una cosa es aprovechar tendencias y otra es perder completamente el sentido común. Han olvidado que el turrón tiene un gran significado cultural, histórico y simbólico: nostalgia, memoria, celebración, abundancia, identidad cultural…

Marcas sólidas como Nestlé operan en alimentación animal… pero lo hacen bajo marcas distintas, como Purina. Aquí se ha ignorado un principio básico: no mezclar la categoría de alimentación humana con la de alimentación animal. No solo por seguridad —que también— sino por coherencia de marca.

¿Por qué es importante? Porque, como señala David Aaker, no se debe comprometer el capital simbólico de la marca madre entrando en una categoría que no le pertenece. Cuando una marca con tanto capital emocional se desvía hacia territorios que no le son propios, corre el riesgo de generar disonancia y erosión del significado de la marca.

El Lobo, en cambio, ha decidido que su marca —ligada a tradición, repostería navideña y consumo familiar— puede servir indistintamente para humanos y para perros. Una confusión de categorías que no solo es torpe, sino peligrosamente amateur.

Esto no es diversificación; es falta de criterio.
Esto no es innovación; es desorientación estratégica.
Esto no es una extensión de línea; es un tiro en el pie de la propia marca.

Como consumidor y como alguien que espera un mínimo de coherencia en las decisiones de marketing, lo tengo claro: este año, como siempre, turrón sí, pero El Lobo no entra en mi casa.

Que experimenten todo lo que quieran… pero no a costa de diluir casi tres siglos de reputación por un experimento canino mal planteado.

Postdata: El tiempo dictará sentencia: o este “turrón perruno” acaba expuesto en el Museo del Fracaso, junto a productos como la pasta de dientes Colgate sabor lasaña, o resulta ser un éxito inesperado… y entonces me tocará comerme mis palabras.

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03 noviembre, 2025

 

La utilidad de la inutilidad

 


“Un árbol torcido vive su propia vida, pero un árbol recto se convierte en madera”

Este antiguo proverbio chino, comentado por el filósofo taoísta Zhuangzi hace más de dos milenios, condensa una paradoja de enorme vigencia en el mundo contemporáneo de la empresa.

Si yo te pregunto que prefieres ser un árbol recto o un árbol torcido, probamente me contestes que un árbol recto. Todos hemos crecido con la metáfora de enderezar al árbol torcido.

Reflexionemos un poco. Para el mercado maderero, el árbol torcido es inútil, pero su falta de utilidad convencional se convierte en su mayor ventaja competitiva: sobrevive precisamente porque no sirve a los fines inmediatos del sistema.

En el contexto empresarial actual -marcado por la estandarización, la eficiencia y la competencia basada en costes- esta metáfora invita a repensar el sentido mismo de la utilidad, la diferenciación y la supervivencia organizativa.

Te propongo explora cómo la “inutilidad estratégica” puede convertirse en un principio de resiliencia, autenticidad y sostenibilidad empresarial.

El árbol recto simboliza la empresa útil pero sustituible

El árbol recto simboliza la empresa perfectamente adaptada al mercado. Eficiente, predecible, optimizada para la productividad. En términos de Michael Porter (1996), es la organización que compite principalmente por eficacia operativa. Sin embargo, esta forma de competencia conduce a la “convergencia competitiva”: todas las empresas se vuelven indistinguibles.

Estas organizaciones destacan por su “rectitud”: cumplen los estándares, maximizan indicadores, y se alinean con las mejores prácticas. Pero su gran virtud se convierte también en su condena. Al no diferenciarse, su valor es puramente instrumental: son fácilmente reemplazables por un competidor más barato o más eficiente.

Ejemplos contemporáneos abundan:
  • Las aerolíneas de bajo costo que ofrecen servicios cada vez más similares.
  • Los bancos minoristas atrapados en estructuras regulatorias y tecnológicas que los hacen casi intercambiables.
  • Las cadenas de retail cuya propuesta de valor se limita al precio o la conveniencia.
En estos casos, la “rectitud” lleva al mismo destino que el árbol del proverbio: ser cortado. La utilidad inmediata se paga con la pérdida de identidad y longevidad.

El árbol torcido simboliza la organización imperfecta pero única

Por el contrario, el árbol torcido es aquel que, precisamente por su falta de utilidad convencional, escapa a la lógica del consumo inmediato. Vive más tiempo porque no encaja. En el plano empresarial, esto se traduce en organizaciones que cultivan su diferencia, que rehúyen las modas corporativas y que construyen su valor en torno a propósitos, significados y experiencias únicas.

Ejemplos paradigmáticos:
  • Patagonia, cuya estrategia de “no crecimiento” y defensa ambiental desafía las normas del capitalismo tradicional, generando una lealtad inusual.
  • Tesla, que reinventó el imaginario del vehículo eléctrico desde la aspiración y la innovación radical, y rompió el mantra de que el coche eléctrico tenía que ser barato.
  • LEGO, que resurgió no como fabricante de juguetes, sino como creador de universos creativos e intergeneracionales.
Estas organizaciones son, en el sentido de Mintzberg (1987), el resultado de una estrategia emergente: no planificada desde la lógica de la utilidad inmediata, sino nacida de su propia torcedura, de su historia, cultura y valores singulares.

La utilidad de la inutilidad: del Tao al management contemporáneo


Zhuangzi sostenía que lo verdaderamente valioso no es lo que sirve para algo, sino aquello que permanece porque no puede ser instrumentalizado. Este principio taoísta se traduce, en lenguaje estratégico, en tres ideas clave:
  1. Diferenciación auténtica: lo que hace a una empresa distinta no siempre es “útil” en sentido económico, pero sí vital en términos identitarios (Hamel & Prahalad, 1994).
  2. Nichos estratégicos: las empresas que escapan a la lógica del mainstream sobreviven mejor en ecosistemas turbulentos (Hannan & Freeman, 1977).
  3. Blue Ocean Strategy: crear mercados donde la competencia resulta irrelevante (Kim & Mauborgne, 2005) es, en esencia, elegir ser un árbol torcido en un bosque de árboles rectos.

La “inutilidad” se convierte así en un mecanismo de defensa ante la homogenización competitiva y una fuente de innovación desde la diferencia.

Implicaciones para la gestión y el liderazgo

Adoptar la filosofía del árbol torcido implica redefinir la noción de éxito organizativo. Algunas orientaciones prácticas:
  1. Preservar la imperfección: lo no estandarizado, lo artesanal, lo local, pueden ser reservas de autenticidad.
  2. Valorar los procesos lentos: no toda eficiencia es virtuosa; la rapidez puede destruir el valor simbólico o relacional.
  3. Redefinir métricas: la obsesión por el ROI o los KPIs trimestrales puede “cortar” árboles antes de tiempo.
  4. Fomentar la disidencia estratégica: permitir que algunas áreas o personas piensen distinto, incluso si parecen “inútiles” para los objetivos inmediatos.
Como recordaba Peter Drucker, “la mayor amenaza para la organización del mañana son las decisiones lógicas tomadas hoy”. La lógica de la utilidad inmediata puede ser, paradójicamente, la semilla de la irrelevancia futura.

En resumen...

El proverbio chino “Un árbol torcido vive su propia vida, pero un árbol recto se convierte en madera” encierra una advertencia que los empresarios haríamos bien en tener presente: ser demasiado útil puede llevar a dejar de existir.

El árbol torcido, con su forma irregular y su aparente imperfección, sobrevive porque no puede ser explotado fácilmente. Su diferencia es su defensa; su inutilidad, su estrategia.

Referencias

Drucker, P. (1954). The Practice of Management. Harper & Row.
Hamel, G., & Prahalad, C. K. (1994). Competing for the Future. Harvard Business School Press.
Hannan, M. T., & Freeman, J. (1977). “The Population Ecology of Organizations”. American Journal of Sociology, 82(5).
Kim, W. C., & Mauborgne, R. (2005). Blue Ocean Strategy. Harvard Business Press.
Mintzberg, H. (1987). “Crafting Strategy”. Harvard Business Review, 65(4).
Porter, M. E. (1996). “What is Strategy?”. Harvard Business Review, 74(6).
Zhuangzi (trad. Burton Watson, 1968). The Complete Works of Chuang Tzu. Columbia University Press.

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01 octubre, 2025

 

Modelo Lippitt-Knoster

 


Diversos estudios empíricos (Kotter, 2012; McKinsey & Company, 2020) coinciden en un dato inquietante: entre el 60% y el 70% de las iniciativas de cambio a gran escala fracasan. Las organizaciones invierten millones en procesos de transformación que terminan convertidos en ejercicios costosos de buenas intenciones. Surge la pregunta inevitable: ¿por qué fallan los procesos de cambio?

Los seis elementos del cambio. 


1. Visión: No basta una declaración aspiracional. La visión debe inspirar y orientar, funcionando como lo que Collins y Porras (1994) llamaron un BHAG (Big Hairy Audacious Goal): un objetivo grande y retador que responde con claridad al “¿hacia dónde vamos?”.

2. Consenso: Más que acuerdo superficial, implica lo que Senge (2006) describió como alineación profunda: cuando los miembros comprenden la necesidad del cambio y se comprometen con él. La diferencia entre cumplir y realmente creer.

3. Habilidades: La Capacidad de Ejecución. El conocimiento por sí solo no basta. Pfeffer y Sutton (2000) mostraron que existe un gap entre saber y hacer, que solo se supera con el desarrollo deliberado de competencias técnicas y conductuales.

4. Incentivos: La energía que impulsa. Las recompensas deben estar en sintonía con los comportamientos esperados. De lo contrario, ocurre lo que Kerr (1975) describió como “la locura de recompensar A mientras se espera B”.

5. Recursos: El Combustible de proceso. Tiempo, presupuesto, tecnología y talento constituyen la infraestructura del cambio. En la práctica, lo que no se financia no se prioriza 

6. Plan de Acción: La Ruta Concreta. La estrategia debe traducirse en tácticas específicas, medibles y temporalizadas. Es la diferencia entre tener un destino y saber cómo llegar.

Las Seis Patologías del Cambio Incompleto. 


La utilidad del modelo Lippitt-Knoster no está solo en señalar qué se necesita, sino en diagnosticar por qué se fracasa. Cada elemento que falla, genera una patología específica.
 
  1. Sin Visión → Confusión: Los equipos deambulan sin propósito claro
  2. Sin Consenso → Sabotaje: Resistencia activa o pasiva de stakeholders clave
  3. Sin Habilidades → Ansiedad: Estrés derivado de expectativas sin capacidades correspondientes
  4. Sin Incentivos → Resistencia: Comportamientos que perpetúan el status quo
  5. Sin Recursos → Frustración: Ambiciones que chocan contra limitaciones materiales
  6. Sin Plan de Acción → Falsos Comienzos: Iniciativas que se diluyen en la operación cotidiana

Implicaciones Estratégicas: Más Allá del "Qué" y el "Cómo"


La genialidad del modelo Lippitt-Knoster está en recordarnos que el cambio no depende de un solo factor. Se trata de una red de elementos técnicos y humanos que deben estar simultáneamente presentes y operar en sincronía.

Esto obliga a los líderes del cambio a ampliar su foco: no basta con decidir qué cambiar y cómo implementarlo; también importa el por qué (propósito), el quién (personas y capacidades) y el con qué (recursos).


El Cambio Como Sistema, No Como Evento

El modelo Lippitt-Knoster nos recuerda que el cambio organizacional no es un evento aislado, sino un sistema complejo. Intentar transformarlo sin todos los engranajes es como pretender que un reloj funcione sin piezas clave: técnicamente imposible y prácticamente frustrante.

Como advirtió Peter Drucker: “La cultura se desayuna a la estrategia cada mañana”


Referencias:


Collins, J. C., & Porras, J. I. (1994). Built to Last: Successful Habits of Visionary Companies. Harper Business.
Kerr, S. (1975). On the folly of rewarding A, while hoping for B. Academy of Management Journal, 18(4), 769-783.
Kotter, J. P. (2012). Leading Change. Harvard Business Review Press.
McKinsey & Company. (2020). The State of Organizations 2020.
Pfeffer, J., & Sutton, R. I. (2000). The Knowing-Doing Gap. Harvard Business School Press.
Senge, P. M. (2006). The Fifth Discipline (Revised ed.). Doubleday.

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