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01 febrero, 2026

 

Lecciones de Gestión desde una Charcutería de Barrio


Buscando un proveedor para que deshuesara un jamón que me han regalado -hay una relación directa entre la formación y los jamones-,  he encontrado una charcutería que ofrece este servicio. La he llamado y su sistema me ha sorprendido gratamente.

En experiencias pasadas, el proceso era bastante impreciso: llevaba el jamón, me daban un resguardo y a esperar. Sin fecha concreta. Sin compromiso claro. La incertidumbre se instalaba: ¿lo llamo en tres días? ¿En una semana? ¿Espero a que me llamen ellos?

Esta charcutería opera de forma diferente. Me han dado cita para el lunes 2 de marzo. Su sistema es elegante en su sencillez: cada semana recogen exactamente siete pedidos el lunes, y los entregan el lunes siguiente. Punto.

Lo que realmente me ha gustado: la gestión de expectativas

Ha llamado mi atención no solo la eficiencia operativa -que también-, sino cómo gestionan la expectativa del cliente. Como señalaría cualquier manual de gestión de operaciones desde Chase y Aquilano hasta Schmenner, reducir la incertidumbre en los procesos de servicio es fundamental para la satisfacción del cliente.

Este pequeño comercio aplica tres principios básicos:
  • Compromiso concreto: fecha específica de entrada y salida
  • Capacidad limitada: siete pedidos semanales (control de la carga de trabajo)
  • Ritmo predecible: ciclo semanal constante
El resultado es que yo, como cliente, sé exactamente qué esperar y cuándo. No hay ansiedad. No hay llamadas de seguimiento. No hay "ya le avisaremos". Hay certidumbre.

Pequeños comercios, grandes lecciones

Me gusta escribir sobre estos pequeños comercios que aplican sistemas de organización y gestión de expectativas realmente buenos. Ya hablé en su momento de otra charcutería donde "los pedidos no hacen cola" o de una consulta médica optimizada que gestionaba brillantemente los tiempos.

Estos casos me recuerdan que la excelencia en gestión de operaciones no es patrimonio exclusivo de las grandes corporaciones con sus sistemas SAP y sus consultores de McKinsey. A veces, un pequeño comercio con siete jamones a la semana puede dar lecciones magistrales sobre cómo crear valor mediante la simple -pero poderosa- herramienta de gestionar bien las expectativas.

Admito embutidos de regalo para seguir investigando sobre gestión de charcuterías. 😏



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26 enero, 2026

 

Cláusula Van Halen

 


Acto I: Los artistas maniáticos, excéntricos y caprichosos.

Año 1982. Gira mundial 🎸. Camerino de un estadio en Colorado. Sobre una mesa descansa un cuenco de M&M’s. Entre los colores habituales, uno destaca: ¡es marrón! David Lee Roth, vocalista de la banda de hard rock estadounidense Van Halen lo detecta. Y explota. El cantante entra en cólera, destroza el camerino y amenaza con suspender el concierto. La historia corre como la pólvora. La prensa no tarda en dictar sentencia: otra banda de rock víctima de su propio ego. Caprichosos. Excéntricos. Maniáticos. Divas con guitarras. Se confirman todos los estereotipos. 

Es cierto que el contrato rider -artículo 126, enterrado entre especificaciones técnicas-  exigía explícitamente "un bol de M&M's (ADVERTENCIA: ABSOLUTAMENTE SIN M&M'S MARRONES)". La instrucción aparecía en mayúsculas, subrayada, imposible de ignorar... si alguien se molestaba en leerla. Alguien debía separar los marrones uno a uno. Manualmente. ¿Para qué? Para demostrar poder.

La caricatura era perfecta: estrellas del rock haciendo peticiones absurdas. No ayuda la reputación del grupo. Van Halen era conocido por sus excesos.  Juerguistas, provocadores, exagerados. Y ahora, además, obsesionados con el color de un caramelo. 

El diagnóstico parece obvio: un fallo humano menor (olvidar retirar los caramelos marrones) frente a una exigencia absurda (¿a quién le importa el color de un M&M?).

Caso cerrado. Artista consentido. Empleado descuidado. ¿O no?

Acto II: El M&M marrón no era el problema

Prepárate para invertir tu percepción.

Van Halen no operaba como una banda convencional de rock. Su espectáculo no cabía en las infraestructuras estándar de la época. Mientras otros grupos transportaban su equipamiento en tres camiones, Van Halen desplegaba nueve tráileres articulados cargados con torres de sonido de varias toneladas, estructuras escénicas motorizadas, sistemas pirotécnicos, equipos de iluminación robotizados y una red eléctrica que rivalizaba con la de una fábrica mediana.

El contrato técnico era, en palabras textuales de Roth, "como una versión de las páginas amarillas chinas": 53 páginas de especificaciones operativas críticas.

Requisitos como:

Un error podía provocar desde un cortocircuito… hasta un accidente grave. No era paranoia: en aquella época, un fallo pirotécnico llegó a quemarle el pelo a Michael Jackson durante un anuncio de Pepsi.

El contexto operativo era brutal:

En estas condiciones, la inspección exhaustiva de cada instalación por parte del equipo de la banda era físicamente imposible. No había tiempo. No había personal suficiente. No había margen de error.

La pregunta era: "¿Cómo detectar instantáneamente si un proveedor local ha leído y ejecutado el contrato con el rigor necesario para evitar muertes?"

Acto III: El sensor de fiabilidad de 0,02 dólares

Aquí entra en escena el M&M marrón.

La famosa cláusula 126 decía, literalmente:

"No habrá M&M marrones en la zona de camerinos, so pena de que se anule el espectáculo con una indemnización total"

Colocada deliberadamente en la página 40 del contrato, rodeada de especificaciones técnicas incomprensibles para no-ingenieros, su función era cristalina:

Verificar si el contrato había sido leído palabra por palabra.

La lógica operativa era implacable:

David Lee Roth lo contó él mismo en su autobiografía "Crazy from the Heat" (1997) y lo ha explicado en múltiples entrevistas desde entonces.

"Si veía M&M marrones, SABÍA que íbamos a tener problemas estructurales. Y siempre los teníamos."

El día del incidente en Colorado, tras la explosión de Roth, la inspección de emergencia reveló: instalación eléctrica deficiente que no soportaba la carga del sistema, riesgo inminente de colapso del montaje escénico.

El M&M marrón no provocó la cancelación. Evitó una tragedia. 

Estaba escondida entre decenas de páginas técnicas. No tenía valor nutricional. Ni estético. Ni simbólico. Tenía valor diagnóstico.

Cuando Roth llegaba a un recinto, lo primero que hacía era mirar el cuenco. Si veía un M&M marrón, no gritaba por un caramelo. Pedía una inspección completa del montaje.

Epílogo. De divo a maestro de operaciones

Desde la perspectiva de la gestión operativa, este episodio es pedagógicamente perfecto.

David Lee Roth -sin formación en ingeniería industrial, sin haber leído a Deming o Juran- diseñó intuitivamente un mecanismo de control de calidad que cumple con los principios fundamentales de la teoría operativa:

Simplicidad absoluta (cualquiera puede verificarlo)

Coste despreciable (unos gramos de chocolate)

Alta señal/ruido (binario: cumple o no cumple)

Activación inmediata de protocolos correctivos

No requiere expertise técnico del verificador

Sin saberlo, estaba aplicando conceptos que la academia formalizaría décadas después:

En lenguaje operativo: el M&M marrón era un KPI binario de fiabilidad del proceso de ejecución contractual.

Y probablemente uno de los controles de calidad más elegantes jamás diseñados... aunque naciera entre amplificadores Marshall y no en un diagrama de Ishikawa.  

Moraleja operativa:

La próxima vez que alguien te parezca irracionalmente obsesivo con un detalle aparentemente irrelevante, pregúntate: ¿Estoy viendo un capricho... o un sensor que yo no entiendo?

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23 enero, 2026

 

Cuéntame un poco de ti


En muchas entrevistas de selección de personal, se hace la siguiente pregunta: cuéntame un poco de ti. Parece inocente. No lo es. Probablemente es la pregunta más decisiva de toda la entrevista y suele ser la peor contestada. 

Piensa que el entrevistador desconecta en los primeros 30 segundos. Y si se desconecta, te va a resultar muy difícil volver a captar su atención.

Estructura: Presente-Pasado-Futuro

Esta técnica se vasa en el discurso del ascensor (elevator pitch)

Tienes que llevarla ensayada de casa.

Duración ideal: 2-3 minutos

Objetivo: darle al entrevistador exactamente la información necesaria para evaluarte.

Primer paso: PRESENTE, quién eres ahora (y por qué importas)

Empieza por tu rol actual y tu especialización relevante para el puesto.

Estructura básica:

Actualmente, soy [función] en [empresa] y me especializo en [habilidad o área clave].

Ejemplo para un perfil marketing:
“Actualmente soy responsable de marketing digital en una empresa SaaS del sector educativo, donde me especializo en captación de leads B2B y optimización de campañas en Google Ads y LinkedIn.”
Observa el detalle clave: No dices “hago un poco de todo”. Dices lo qué haces y en qué eres fuerte.

Segundo paso: PASADO, de donde vienes (solo lo relevante)

Aquí no se trata de contar tu biografía. Se trata de explicar por qué estás donde estás.

Estructura básica:
“Antes de esto, mi experiencia en [rol/estudios previos] en [empresa/institución] me permitió desarrollar [competencia clave].”
Ejemplo real para un perfil de ingeniería / operaciones:
“Antes de mi puesto actual, trabajé durante cinco años como ingeniero de procesos en una empresa industrial, donde lideré proyectos de mejora continua que redujeron costes operativos en torno a un 15%.”
Regla de oro: elige experiencias que expliquen tu valor actual, no todo lo que has hecho desde que tienes memoria.

Tercer paso: FUTURO: por qué este puesto tiene sentido (para ti y para ellos)

Este es el paso que muchos olvidan y que marca la diferencia.

Aquí conectas tu experiencia con la empresa y el puesto concreto.

Estructura básica:

“Me interesa especialmente esta oportunidad porque me permite aplicar mi [habilidad específica] para contribuir a [objetivo o proyecto concreto de la empresa].”

Ejemplo real para un perfil de consultoría:

“Me interesa esta posición porque me permitiría aplicar mi experiencia en análisis estratégico y transformación organizativa en proyectos de crecimiento, que es precisamente uno de los focos clave de su práctica de consultoría.”
Traducción implícita: “No estoy aquí por casualidad. He leído la oferta. Sé qué necesitan. Y encajo.”

En resumen

Cuando te pregunten: “Cuéntame un poco sobre ti

Estructura tu respuesta en tres fases: 
Todo lo demás -hobbies, anécdotas familiares y frases vacías- no le interesan a tu entrevistador. 

Bonus Track: Prepárate esta pregunta junto a las 23 preguntas que Apple hace en sus entrevistas.  

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01 enero, 2026

 

La gente no tiene paciencia para enriquecerse lentamente, por eso decide arruinarse rápidamente

 


La gente no tiene paciencia para enriquecerse lentamente, por eso decide arruinarse rápidamente
Peter Lynch

Peter Lynch gestiono el fondo Magellan en Fidelity Investments consiguiendo una rentabilidad anual media del 29,2 % entre 1977 y 1990. Rentabilidad que duplicó al S&P 500 y convirtiéndo a dicho fondo en el más rentable del mundo.​

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18 diciembre, 2025

 

Feliz Navidad y Prospero 2025

 


Me gusta el espíritu de la Navidad: pasear con frio y exceso de luz en las calles (gracias al esfuerzo de los comerciantes por sus luminosos escaparates), pensando el gran acontecimiento que celebramos, el nacimiento de Jesús, Dios que se hace niño y entra en la historia con la fragilidad de lo pequeño.

No me seduce, en cambio, su deriva consumista: demasiada comida, demasiados regalos, demasiados excesos. Y lo digo con cierta ironía profesional, porque me pasión es el marketing y me llama la atención como hemos sido capaces de convertir el misterio de Belén en la gran campaña de temporada.

Con los años, me descubro volviendo a la Navidad de la infancia: la magia sencilla, las vacaciones en casa, el tiempo sin prisa. Me gustan -sí- las películas cursis navideñas, que las ves sin dificultad, quizá porque, sin darse cuenta, a veces dicen más verdades que muchos discursos con los que nos bombardean lo políticos.

Me gusta detenerme, hablar aunque sea unos minutos con personas con las que el resto del año apenas coincidimos, recuperar lo esencial. Y me gusta, mucho, la sopa ondarresa de pescado, que también tiene algo de liturgia doméstica y de memoria compartida.

Será que me estoy haciendo mayor, muy mayor. O quizá se me está olvidando el marketing justo a tiempo para entender que la Navidad no se consume: se vive.

Desconecta, descansa y disfruta.

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01 diciembre, 2025

 

Match: La reina de las apps de citas



Ayer vi la película Match: La reina de las apps de citas, inspirada en la historia de Whitney Wolfe Herd, cofundadora de Tinder que, tras una dolorosa salida en 2014, fundó Bumble con el apoyo del empresario ruso Andrey Andreev, creador de Badoo.

De su historia podemos aprender cómo transformar un insight emocional en una innovación disruptiva sin necesidad de desarrollar una nueva tecnología.

La carrera de Wolfe Herd no terminó con su despido de Tinder en 2014: en realidad, comenzó de nuevo. Donde una puerta se cierra, otra se abre.

En la película observamos cómo fue despedida tras denunciar ante el fundador Sean Rad el acoso por parte de su expareja y superior, Justin Mateen. Whitney Wolfe Herd logró convertir una vivencia personal dolorosa en una pregunta estratégica clave:
¿Qué no estaba funcionando en el mercado de las apps de citas, especialmente para las mujeres?
Las aplicaciones prometían “conectar personas”, pero la realidad para muchas usuarias era otra: asimetrías de poder, mensajes no deseados -por ejemplo, fotografías de contenido sexual explícito no solicitadas- y una constante cosificación (Ansari y Klinenberg, 2015). El discurso público y la experiencia real no coincidían.

Ese desajuste -la brecha entre lo que la industria proclamaba y lo que las mujeres vivían- se convirtió en su verdadero punto de partida. En marketing, este tipo de hallazgos se denominan insights empáticos: descubrimientos que no emergen de un focus group, sino de la propia experiencia del emprendedor (Brown, 2009).

En 2014, Bumble irrumpe con una regla aparentemente simple, pero radical: en las parejas heterosexuales, solo las mujeres pueden iniciar la conversación.

Lo brillante de esta decisión no fue su complejidad técnica (mínima), sino su potencia narrativa. Bumble no solo ofrecía una aplicación, sino una promesa:

“Aquí, las reglas del juego son distintas.”

La vida está llena de ironías. Como he mencionado, Whitney Wolfe Herd no construyó Bumble desde cero, sino que lo hizo con el apoyo técnico y financiero de Andrey Andreev, fundador de Badoo. Sin embargo, en 2019 la revista Forbes publicó una investigación que revelaba comportamientos poco éticos y un entorno laboral marcado por el sexismo, el consumo de drogas y la misoginia en las oficinas de Badoo en Londres (Forbes, 2019). Este hecho no solo cuestionó la cultura corporativa de la matriz, sino que también puso de relieve la contradicción entre el discurso de empoderamiento de Bumble y el contexto empresarial del que había surgido.

Lecciones de marketing: ¿Qué podemos aprender?

  1. Market-Driven Innovation: No se trata de inventar una tecnología radicalmente nueva, sino de reinterpretar un producto existente desde una lectura cultural y social más profunda (Jaworski y Kohli, 1993). Es un cambio de valores, no de hardware.
  2. Segmentación por valores (Kotler, Marketing 4.0): Bumble no segmenta por demografía (“mujeres de 25 a 35 años”), sino por creencias: “somos para quienes creen que las relaciones deben basarse en el respeto mutuo”.
  3. Minimalismo estratégico: Una sola línea de código se convierte en un gesto simbólico y en una declaración de intenciones: cambiar la dinámica del poder y del respeto en el dating digital.

Estrategia de expansión

Fiel a su filosofía, Bumble amplía su propuesta con tres funciones orientadas a diferentes tipos de relación:
  • Bumble Honey: para quienes buscan pareja estable.
  • Bumble BFF: dirigida a quienes desean crear nuevas amistades.
  • Bumble Bizz: pensada para usuarios interesados en ampliar su red de contactos profesionales.

Resultados y posición de mercado

¿Funcionó la estrategia de Whitney Wolfe Herd?

Bumble compite en la primera división del mercado, aunque sin dominarlo globalmente. A nivel mundial, Tinder es el lider indiscutible. En EE.UU el líder, Tinder, tiene una penetración del 25 %, mientras que Bumble alcanza el 24 % y Hinge el 18 %. En España, Tinder mantiene una posición destacada con una cuota del 65 %.

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29 noviembre, 2025

 

Edadismo, esa enfermedad invisible

 


Leo en el LinkedIn de Pablo Cobisa,  la historia de un canadiense de 61 años que, pese a haber enviado 80 CV, contactado con 60 agencias y recurrido a 150 personas de su red, sigue en desempleo. Al buscar la fuente descubro que procede del diario deportivo AS. Paradójico: un medio deportivo presta atención a un problema que afecta de lleno a nuestra sociedad, mientras los medios generalistas apenas mencionan el drama del edadismo. 

El protagonista es Adam Normandin, antiguo director de Recursos Humanos en un banco. Su puesto fue eliminado y, aunque le ofrecieron un trabajo en Toronto, lo rechazó para quedarse en Quebec. Hoy admite que quizá fue un error: a su edad, reubicarse profesionalmente es casi imposible, incluso con una carrera sólida y experiencia directiva.

Su caso no es una excepción. En España, el edadismo laboral afecta a más de 1.500.000 personas mayores de 45 años en desempleo, y el 55% son parados de larga duración (más de un año sin trabajo). Hablamos de talento desperdiciado, de trayectorias truncadas y de personas que quedan atrapadas en un limbo profesional del que cuesta cada vez más salir.

Y aun así, este problema casi no aparece en el debate público. Los medios -televisión, radio, prensa- continúan centrando su agenda en los mismos conflictos políticos, en escándalos repetidos y en tertulias donde ya sabemos qué dirá cada “experto” antes de que abra la boca. Mientras tanto, realidades que afectan a millones de ciudadanos quedan relegadas al silencio.

Me hago las siguientes preguntas

No tengo todas las respuestas. Pero sí es evidente la consecuencia: una sociedad que no habla de sus problemas acaba normalizándolos. Y eso es exactamente lo que ocurre con el edadismo laboral.

Triste, sí. Porque el protagonista de esta historia podría ser tú, podría ser yo, o podría ser cualquiera de los millones de profesionales valiosos que, cumplidos los 50 o los 60, se encuentran ante una puerta que cuesta cada vez más abrir. Hoy es el canadiense Adam. Mañana podría ser cualquiera de nosotros.

Bonus track: "Ahí fuera hace mucho frío"… mucho frío. Quizá la pregunta no deba ser ¿qué hacemos con los desempleados mayores?” sino ¿qué hacemos para que las empresas valoren, integren y aprovechen de verdad el talento sénior?” Porque el problema no está en las personas mayores; está en cómo las organizaciones y la sociedad deciden -o no- reconocer su experiencia.

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28 noviembre, 2025

 

Compramos unidades, no kilos


Hoy, paseando por el supermercado, me he visto un stand de bombones a granel con un precio de 6 €/kg. Hasta aquí nada nuevo. Pero lo interesante es que incluía una tabla que traducía el peso a algo mucho más intuitivo: número de bombones.

Según el cartel, 100 gramos equivalen a 8 bombones, y medio kilo ronda los 40. Una idea sencilla, pero brillante.

¿Por qué? Porque -aunque los economistas insistan en medir por kilos, litros o metros- las personas solemos comprar por unidades. Nuestro cerebro procesa mejor “8 bombones” que “100 gramos”. La psicología del consumo, desde Kahneman hasta Thaler, lo ha demostrado una y otra vez: la información relevante es aquella que reduce esfuerzo cognitivo.

Este sistema me recordó a un cash & carry que visité hace tiempo. Allí no solo te indicaban el precio por kilo, sino también cuántas raciones reales podías obtener. Por ejemplo, de un kilo de secreto ibérico salían aproximadamente cinco raciones, lo que dejaba el coste por ración en 0,89 €. Información clara, directa y tremendamente útil para quien gestiona un negocio… o simplemente para quien intenta ajustarse a un presupuesto. 

Y sí, he hecho la cuenta con los bombones: cada uno sale a unos 0,75 €.

El mensaje es simple: cuando la información se presenta en las unidades que realmente nos importan, decidimos mejor y más rápido. Es cierto que en muchas etiquetas de los supermercados lo indica... pero en una letra muy muy pequeña. 

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