18 diciembre, 2025
Feliz Navidad y Prospero 2025
Me gusta el espíritu de la Navidad: pasear con frio y exceso de luz en las calles (gracias al esfuerzo de los comerciantes por sus luminosos escaparates), pensando el gran acontecimiento que celebramos, el nacimiento de Jesús, Dios que se hace niño y entra en la historia con la fragilidad de lo pequeño.
No me seduce, en cambio, su deriva consumista: demasiada comida, demasiados regalos, demasiados excesos. Y lo digo con cierta ironía profesional, porque me pasión es el marketing y me llama la atención como hemos sido capaces de convertir el misterio de Belén en la gran campaña de temporada.
Con los años, me descubro volviendo a la Navidad de la infancia: la magia sencilla, las vacaciones en casa, el tiempo sin prisa. Me gustan -sí- las películas cursis navideñas, que las ves sin dificultad, quizá porque, sin darse cuenta, a veces dicen más verdades que muchos discursos con los que nos bombardean lo políticos.
Me gusta detenerme, hablar aunque sea unos minutos con personas con las que el resto del año apenas coincidimos, recuperar lo esencial. Y me gusta, mucho, la sopa ondarresa de pescado, que también tiene algo de liturgia doméstica y de memoria compartida.
Será que me estoy haciendo mayor, muy mayor. O quizá se me está olvidando el marketing justo a tiempo para entender que la Navidad no se consume: se vive.
Desconecta, descansa y disfruta.
Cuídate mucho, jovenzuelo.
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